¿Pero esto qué es?

El primer día que empecé a trabajar como archivero, hace ya más de 3 años, yendo de camino a mi primer puesto de trabajo en la sede del entonces Ministerio de Cultura, me topé con un local que tenía pintado en lo alto de su puerta un rótulo bien grande en el que ponía “Almacén de papel“, y debajo, con letras más pequeñas, se añadía lo siguiente: “Archivamos y reciclamos todo tipo de documentos. Garantizamos la destrucción de los archivos“.

Después de haber estado tanto tiempo preparándome para ser archivero, y al final poder conseguirlo, ver ese cartel junto a la sede del Ministerio de Cultura, donde se ubica la Subdirección General de los Archivos Estatales, hizo que se me cayera el alma a los pies.

En realidad, al ver el rótulo se me cayó el alma a los pies porque se encontraba a escasos veinte metros del que yo consideraba como principal organismo responsable de la Conservación, el Fomento y la Difusión del Patrimonio Documental Español, así como de la formación y la asistencia técnica, no sólo de los archiveros del Estado, sino del resto de archiveros y gestores documentales de nuestro país.

En realidad, no me entraba en la cabeza que dos concepciones tan distintas, como eran la Conservación del Patrimonio Documental y el “almacenamiento y destrucción” indiscriminada de documentos, pudieran coexistir tan cerca una de la otra. Yo, que venía de haber estudiado todos los libros y manuales de Archivística en los que se pontificaba sobre las virtudes del Tratamiento Documental, de haberme aprendido de memoria las numerosas y variadas listas de funciones archivísticas y procesos documentales… me encontraba con que, puerta con puerta, podías ver a la “Flor y Nata” de la profesión junto a lo peor que le podía ocurrir a un archivo.

Tras el shock de ese primer día y, sobre todo, tras unos cuantos años trabajando en la Administración (y pasando cada mañana por la puerta de ese local), he podido comprender que no todo lo que yo suponía, ni lo que yo aprendí para ser archivero, es cierto, o al menos, no es blanco o negro, sino en todo caso gris.

Lo cierto es que ese comercio, sobre el cual, hasta que no dejé de trabajar en la Subdirección General de los Archivos Estatales trasladándome a mi ciudad natal, no pude dejar de asombrarme, no estaba haciendo nada malo. Al contrario. Lo más probable es que ese comercio se mantuviera a flote sin ningún tipo de problema debido a que el exceso de papel en las organizaciones cercanas a su local, (ya sean administraciones públicas o entidades privadas), se ha convertido en un gravísimo problema, para el cual, muchos de sus dirigentes no encuentran una solución mejor que la de “almacenar y tirar” los documentos. Y ese comercio no ha hecho otra cosa que saber aprovechar este “nicho de negocio” y sacarle el mayor partido a la situación.

Al contrario, por quien sí me preocupo es por nosotros, los archiveros y archiveras. Creo que, si este tipo de negocios ha podido sobrevivir, se debe, en gran medida, a que la comunidad archivística, no ha sabido dar una respuesta rápida y adecuada a todas las organizaciones que no saben qué hacer con sus documentos (y no hablo sólo de “papeles“, ojo). Tal vez hayamos estado discutiendo entre nosotros excesivamente sobre cuestiones terminológicas de Archivística o realizando investigaciones concienzudas sobre la Historia de la escalera que rodeaba la cúpula de la ermita de Pumarejo de Tera. O simplemente, hayamos estado sobreviviendo en el archivo de una organización que no nos aporta los recursos necesarios y en la cual tenemos que estar continuamente “batiéndonos el cobre” para que nos hagan algo de caso.

Lo cierto es que, entre tantas actividades y tan poco tiempo, creo que no hemos llegado a apreciar las auténticas demandas y necesidades de los usuarios de nuestros archivos (tanto los actuales como los futuros), de nuestras propias organizaciones, o incluso las demandas de una Sociedad que, ante la ignorancia sobre cómo gestionar eficazmente sus documentos, ha encontrado una respuesta rápida y sencilla en lugares como los “Almacenes de Papel“.

Y este es el motivo por el que he seleccionado este nombre para el blog. Si los almacenes de papel han sido una respuesta para mucha gente en nuestro país que necesitaba una solución rápida y eficaz a sus problemas de gestión documental, me gustaría que este “Almacén de papel” también sirviera como respuesta (y en ocasiones, desahogo) a los problemas actuales de la gestión documental en nuestro país.

Javi Requejo (actualizado a finales del año 2012).

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